El camino recorrido
Hace unos años me preguntaba, ¿qué pudiera yo escribir que a alguien le interesara? y la respuesta era: ¡nada! Hacía recorridos mentales desde mi niñez, pasaba por la adolescencia, llegaba al momento actual y ¡nada! Mi niñez fue como la de cualquiera, según yo, tranquila casi llegando a “aburrida” al igual que las otras etapas. No tengo muchos recuerdos del lugar exacto donde nací, de hecho solo se vienen algunos destellos que no llegan a concretarse en imágenes, quizá porque no viví mucho tiempo ahí. Nos mudamos de lugar en ese momento en que la consciencia empieza a despertarse, en mi caso, esa etapa entre los cinco y seis años. Los recuerdos son un poco más vívidos, las personas y los lugares van teniendo más claridad, más nitidez. Pero sigue siendo aburrida, sin gracia, sin nada interesante, ¿Por qué? porque se trata de mi vida, de esa vida que pasaba inadvertida, de esa vida infravalorada por su propia protagonista, y si, es la historia de muchas vidas. No sé si mi consciencia despertó muy tarde, no sé si aun sigue sin despertar, pero sé que la percepción ya no es la misma.
Según el último informe demográfico de las Naciones Unidas hasta el 2017 la población mundial era de 7,550 millones de personas y yo soy una de ellas y tú también. Y ¿cuántas probabilidades de que dos vidas sean iguales hay en 7,550 millones? Ninguna, eso es lo maravilloso, lo mágico, lo que nos debe hacer sentir especiales, no hay nadie igual a mí y no hay nadie igual a ti. Somos únicos y así son nuestras historias, únicas. Entonces, ¿por qué no habría de tener algo interesante para los demás? Todos hemos pasado por las mismas etapas pero no por las mismas experiencias. Lo que para mi podría haber significado una vida tranquila, para otra persona podría haber sido su anhelo y viceversa. Mi vida dejó de ser aburrida en el momento en que empecé a darle sentido a través de la escritura y en el momento en que esa escritura ha servido para que alguien más despierte los sentidos de su propia consciencia al verse identificado con algunos de mis escritos. Cada vez que me siento a escribir conscientemente, puedo ver que siempre habrá algo diferente e interesante qué contar. Aquella niña que no tiene imágenes concretas guarda destellos de su esencia, que están ahí aunque no los vea.
Hoy, siete años después de formularme la pregunta de dio origen a esta reflexión, me doy cuenta que sigo teniendo mucho qué contar, mucho qué aprender y mucho qué compartir, igual que tú.






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